cartel-Birdman

2014
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guión: Iñárritu, Nicholas Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo.
Actores: Michael Keaton, Emma Stone, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough, Edward Norton.

¿Por qué hablo de ella? González Iñárritu es un cineasta favorito. Heredero, tal vez, de los grandes directores de los años 70: Sidney Lumet, Richard Brooks o John Frankenheimer… pegado a la realidad, duro, lleno de fuerza. Sus mejores películas las ha hecho junto con el escritor Guillermo Arriaga (21 gramos, Amores perros, Babel) pero se divorciaron hacia 2007 por cuestiones de orgullo incomprensibles entre artistas de su altura. Lo que sí creo entender es que, tras la primera película de Arriaga en solitario (The Burning Plain), Iñárritu quedará como vencedor en esta carrera de egos. Biútiful y esta, Birdman, le mantienen al más alto nivel.
Me tocaba hablar de otras películas pero ayer le dieron a Birdman el óscar más importante de todos, el de mejor guion original (:-) y he decidido alterar mis planes.

¿De qué? Michael Keaton interpreta a un actor que se encuentra encerrado en un teatro de Broadway ultimando los ensayos para el estreno de una nueva obra. Una obra con la que intenta reinventarse profesionalmente y en la que se juega demasiadas cosas. Pero tan importante como su historia es la técnica empleada para contarla. La cámara está tan encerrada como él en la zona de camerinos siguiéndole en un plano continuo sin interrupciones visibles. Un largo plano de casi dos horas, un alarde técnico sorprendente.

¿Merece la pena? ¿Escribí yo, después de ver Gravity, que en el terreno de los efectos visuales poco quedaba por inventar? pues estaba equivocado. Iñárritu, de nuevo un mexicano, realiza un malabarismo tan asombroso que resulta difícil prestar atención a lo que nos cuenta. Su cámara se mueve libremente por el teatro siguiendo a unos y a otros sin la más mínima duda o imprecisión. Atraviesa lugares imposibles o pasa por delante de los espejos sin reflejarse como si de un vampiro se tratara. Por si esto fuera poco la tensión entre los personajes está magníficamente apoyada por composiciones de cuadro que son, a un tiempo, dinámicas y estudiadas. No faltan momentos en que la cámara se acerca a su intimidad -un rasgo típico del cine de Iñárritu- y estos la ignoran incomprensiblemente como si no la tuvieran a cinco centímetros de su nariz. Birdman es un constante alarde de virtuosismo profesional y también de lucimiento para sus intérpretes.

¿La historia? ya se sabe lo que pasa con los actores: explosiones emocionales, gritos, envidia e inseguridad. En mi opinión no ha sido el mejor guión de este año. Está trufado de sorpresas y confesiones íntimas pero a menudo se queda confuso en uno de los pasillos sin saber hacia donde tirar. Seguramente para esto fue para lo que hicieron falta cuatro guionistas cuando le hubiera bastado volver a llamar a Guillermo Arriaga. El virtuosismo técnico y el humor ayudan a la película pero el final elegido y el extraño subtítulo (“La inesperada virtud de la ignorancia”) la dejan al borde de lo pretencioso y lo afectado.

Es muy probable que yo esté equivocado, críticos más prestigiosos que yo están encantados con el nuevo estilo de Iñárritu. Lo mismo puede decirse de los profesionales de la Academia de Hollywood que le han dado el Óscar a la mejor película. Sospecho que hay una razón oculta, a Hollywood le encanta homenajearse a sí mismo. Ya en el año 2011 triunfó L’artiste, una película que revivía los mitos del cine mudo.  Al año siguiente fue Argo, en aquella película el prestigio internacional de Hollywood servía para engañar a un país árabe que mantenía atrapados a unos rehenes.  Seguramente todos esos actores, escritores y directores comprenden muy bien las angustias de Birdman.  Un actor que aspira al prestigio artístico que proporciona el teatro, pero debe su fama a una burda película comercial muy parecida a Batman.

Si quieren reírse de Broadway y del verdadero significado del concepto “prestigio” en el mundo del teatro les recomiendo una película muy poco prestigiosa: Los productores. Escrita por Mel Brooks, es una parodia algo fuera de su tiempo pero debió pillarme en un día tonto y me pareció muy divertida.

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