cartel-Ikiru

1952
Director: Akira Kurosawa.
Guión: Shinobu Hashimoto, A. Kurosawa y Hideo Oguni.
Actores:  Takashi Shimura, Nobuo Kaneko, Shin’ichi Himori.

¿Por qué? El cine de Kurosawa no es para jóvenes.   Hay que volver a verlo a medida que uno madura para entender por qué se ha convertido en un clásico tan admirado.  Yo había visto esta película superficialmente durante un pase por la Televisión Española y la escena que llamó mi atención sigue siendo divertidísima.  El protagonista acude al hospital por un dolor de estómago pero no es el médico quien le informa de su diagnóstico sino un paciente indolente con el que entabla conversación durante la espera.

¿De qué? El oscuro funcionario Kanji Watanabe no lo dice a nadie pero sabe que va a morir. Esta noticia se convierte en un pesado fardo para él, abandona su trabajo y se entrega a un deambular sin objeto por la ciudad de Tokio.  Pero la película no trata solo del fin de la vida de Watanabe.

¿Merece la pena?  Ikiru es una película aparte dentro de la filmografía de Kurosawa en la que -por cierto- hay varias películas aparte.  Quiero decir que no es la historia de una lucha por un trono, ni un western de samurais.  Ikiru entronca, más bien, con otras películas del cine urbano japonés.  Sorprendentemente, a los directores nipones la vejez y la muerte no les parecen temas aburridos ni poco comerciales.  Prueba de ello son varias de las películas sobre las que he ido escribiendo  (Inazuma, Bangiku…) y otras de las que escribiré más adelante (Ikuribito, Tôkyô kazoku).  Como en todas ellas, la dirección y la interpretación son impecables. La historia se cuenta con su famosa “fina sensibilidad” a través de sutiles gestos y detalles.  Y ahora, en un alarde de incoherencia que a mí mismo me asombra voy a escribir lo contrario de lo que antes escribí. Ikiru es una película bastante diferente a todas las demás.  La búsqueda de Watanabe no es un entretenimiento ocioso sino algo urgente porque siente la inminencia de la Muerte.  Watanabe tampoco tiene los habituales problemas económicos, antes al contrario, ahora se da cuenta de que la seguridad del funcionariado le ha salido muy cara en lo personal.  Pero la verdadera osadía de la película está en el cambio de rumbo que toma hacia su mitad, que hace parecer que estamos ante una película diferente.  A diferencia de los directores modernos que, en general, mantienen una tensión constante durante todo el metraje, Kurosawa transita entre escenas cómicas y trágicas con momentos de poesía inesperados.  Extrañamente, Kurosawa tenía solo 42 años cuando la hizo, podría decirse que es una película “de juventud”.  La mayoría de su cine parece moderno en comparación.  En algunos momentos se hace larga.  Pero es una pieza única, un auténtico poema cinematográfico y debe tomarse como es.
Por cierto, otra película singular sobre la vejez es Dersu Uzala, también de Kurosawa.  Aprovechen y vean también ésa.  Me lo agradecerán.


Críticas en Rottentomatoes.

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