1939
Director: Eduardo García Maroto.
 Actores: José Calle (don Leoncio), Manuel González (don Crescencio), Alberto Romea (don Venancio), Olvido Rodríguez (Concha Guerra), Antonio Vico (Cándido Arenal), Mary Santpere (Mary).
¿Por qué hablo de ella? Mi amiga Begoña ha diseñado un ciclo de cine español “que no parece español”. Incluye esta película del año en que terminó la guerra.  Dirigida por Eduardo García Maroto, este hombre que se convertiría más tarde en embajador de las grandes producciones de Hollywood en España, a cambio de renunciar a firmar sus obras, de ver su nombre enterrado en las interminables listas de colaboradores.
¿De qué va?  Una ingenuidad, 4 burgueses adinerados deciden celebrar una juerga en un pueblo de la costa, pero como no quieren que se enteren sus esposas simulan embarcarse en un crucero. Sin embargo, el barco en  que supuestamente viajaban naufraga y tienen que inventar una nueva simulación para esconder la primera, ahora serán náufragos en las islas Columbretes. Sin embargo falla la parte del plan en que alguien tiene que enviar a recogerlos.
¿Por qué puede merecer la pena? El argumento está sacado de una obra del famoso autor Pedro Muñoz Seca y  Enrique García Álvarez.  Refleja de modo amable costumbres y tópicos sobre la vida familiar.  Las esposas autoritarias tienen su reino en la casa, y los esposos que quieren divertirse, aún inocentemente, han de recurrir a maquinaciones y engaños.  La cosa terrible que quieren hacer es celebrar una juerga de estilo flamenco con bebida, guitarristas y una artista muy guapa que canta cuplés.  En las películas este tipo de fiestas aparecen muy dulcificadas.  Me pregunto hasta que extremos llegarían en la realidad.  Al final, los protagonistas son recogidos por un carguero internacional y terminan en “la China” donde tienen que ganarse la vida cantando chotis.  Yo he visto en los años 60 obras de aficionados parecidas a ésta. Una historia ingenua y fácil de entender, sin pretensiones literarias ni sociales.  Un retrato ingenuo y amable.  Una película comercial refleja inevitablemente los gustos de la época en que fue hecha.  Este es, para mí, el valor de la película. Begoña se equivoca, es cine español, pero también lo parece.

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